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México

El amaranto: pilar prehispánico para la soberanía alimentaria en la capital

El cultivo de amaranto en el sur de la Ciudad de México se posiciona como una estrategia vital para la resiliencia climática y la seguridad alimentaria regional.

Redacción Deber Civico
Foto: lopezdoriga.com

El amaranto, grano ancestral de gran valor nutricional, se consolida en 2026 como un elemento estratégico para la soberanía alimentaria y la conservación ecológica en el sur de la Ciudad de México. Productores de las alcaldías Xochimilco y Tláhuac han intensificado sus labores de cosecha, destacando que este cultivo no solo aporta proteínas esenciales a la dieta local, sino que funge como una herramienta clave para la recarga de los acuíferos y la preservación de la biodiversidad en zonas de suelo de conservación.

La relevancia de este grano trasciende su valor alimenticio, integrándose en los actuales debates sobre la gestión del agua en el Valle de México. Según especialistas en desarrollo rural, el sistema de cultivo del amaranto permite una mejor infiltración pluvial en comparación con el desarrollo urbano desmedido, ayudando a frenar el avance de la mancha urbana sobre áreas de importancia ambiental. Este hecho subraya la necesidad de transitar hacia modelos productivos que prioricen el equilibrio entre la economía campesina y la protección del entorno natural.

En el Congreso de la Unión, diversas propuestas han buscado fortalecer los incentivos para los productores que optan por técnicas agroecológicas en estas zonas periurbanas. Los legisladores han planteado la posibilidad de ampliar los programas de apoyo técnico para que los agricultores cuenten con mejores herramientas de riego y comercialización, permitiendo que el amaranto sea una opción viable frente a otros cultivos de mayor impacto hídrico. Estas iniciativas buscan que el campo capitalino reciba un respaldo institucional acorde a los servicios ambientales que provee a toda la metrópoli.

La era actual exige que las políticas públicas dejen de cuestionar únicamente la viabilidad económica del campo y comiencen a preguntar cómo integrar los saberes tradicionales con las necesidades de resiliencia hídrica. La transición hacia una soberanía alimentaria efectiva requiere que las autoridades locales y federales reconozcan el papel del amaranto como un activo de seguridad nacional. La continuidad de este cultivo depende de una visión integral que combine la investigación científica, el apoyo económico directo y el respeto a la propiedad comunal de la tierra en la capital.

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