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México

La ciencia detrás de los chilaquiles y la cura de la resaca

Analizamos si el consumo de alimentos picantes realmente ayuda a mitigar los síntomas físicos tras una noche de excesos con alcohol.

Redacción Deber Civico
Foto: excelsior.com.mx

La creencia popular en México sostiene que un plato de chilaquiles muy picantes o una birria cargada de especias es el remedio definitivo para la resaca. Médicos y especialistas en nutrición señalan que, aunque esta costumbre está profundamente arraigada en la cultura nacional, no existe evidencia científica que respalde la idea de que el picante elimine las toxinas del alcohol en el organismo.

Desde una perspectiva fisiológica, el consumo de alcohol causa irritación en la mucosa gástrica y deshidratación sistémica. Al ingerir alimentos altamente condimentados o con grandes cantidades de capsaicina, la sustancia que da el picor a los chiles, el sistema digestivo realiza un esfuerzo adicional para procesar estos ingredientes, lo cual puede agravar la inflamación estomacal preexistente en lugar de aliviarla.

El efecto de bienestar que muchos reportan al comer platillos picantes tras una noche de fiesta se debe principalmente a una percepción subjetiva y a la liberación de endorfinas. La capsaicina estimula receptores de dolor en la lengua, lo que provoca que el cerebro libere sustancias que generan una sensación momentánea de placer o alivio, distrayendo temporalmente al individuo de los síntomas de la cruda como el dolor de cabeza o el malestar general.

Especialistas en salud recomiendan que, ante los malestares post-alcohol, la prioridad debe ser la rehidratación con agua y electrolitos, además de consumir alimentos de fácil digestión. El uso de grasas y picantes intensos, aunque reconfortante para el paladar, suele retrasar el proceso de recuperación natural del cuerpo al someter al hígado y al tracto digestivo a una carga de trabajo innecesaria.

En conclusión, los chilaquiles y otros platillos tradicionales son parte fundamental de la gastronomía mexicana y del ritual social posterior a las celebraciones, pero deben entenderse como una elección culinaria y no como un tratamiento médico. La moderación en el consumo de alcohol y la ingesta de líquidos siguen siendo las únicas estrategias efectivas avaladas por la ciencia para evitar los efectos negativos al día siguiente.

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